La mañana del 18 de julio de 1994 una noticia sacudió a la Argentina: la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) fue víctima de un atentado terrorista. El edificio ubicado en la calle Pasteur N.° 633, en el barrio de Once de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fue literalmente destruido tras la explosión de una bomba.

El atentado, que tuvo lugar a las 9.53 horas, dejó un saldo de 85 víctimas y más de 300 heridos. Dos años antes, en 1992, la embajada del Estado de Israel en Argentina había sufrido un ataque similar, que dejó un saldo de 22 personas fallecidas y alrededor de 242 heridos. Ambos hechos obligan, en principio, a un esfuerzo para comprender por qué la Argentina de aquel entonces ingresó brutalmente en la agenda del terrorismo internacional.

 

La AMIA es una institución centenaria que se fundó en 1894 con el objetivo de gestionar el cementerio israelita. También cobijó al Consejo Central de Educación Judía, a la Biblioteca Mendelshon, al Centro de Documentación Mark Turkow y tuvo una oficina de empleo muy extendida. El edificio de la calle Pasteur fue inaugurado en 1945, destruido por el atentado en 1994 y reconstruido y reinaugurado en 1999. En esta sede hoy se desarrollan actividades comunitarias, asistenciales y culturales. En 2017 el Consejo Federal de Educación, mediante la Resolución 325, incorporó al calendario escolar el 18 de julio como el «Día de la Conmemoración y Recuerdo de las Víctimas de la AMIA».

Fuente: Educ.ar

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